No podemos hacer oídos sordos a sus reclamos ante esta coyuntura que, sin el debido cuidado, que nosotros sabemos cuál es, puede hasta matarlos.
Reunidos en congreso extraordinario en una de nuestras sedes favoritas, Llavallol, hemos acelerado al máximo la compilación que conforma el Kit.
Para no perder más tiempo y ponerlos a salvo lo más rápido posible, vamos a introducir diréctamente el Kit, con las respectivas indicaciones de uso para cada uno de sus componentes.
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| La Maleta Quirúrgica |
-Guantes de latex: si bien para a salir a la calle ya se debe tener puestos en las manos un par de los mismos, es absolutamente esencial contar con al menos catorce pares de repuesto dentro de nuestra maleta. La necesidad de esta cantidad de repuestos está supeditada a los estudios hechos sobre cada cuanto tiempo es recomendable sustituir los guantes de látex ya usados por unos nuevos, más limpios. Estos estudios fueron realizados por nuestros expertos de Ranelagh.
-Alcohol en gel: pese a todo el cuidado que podamos tener, nuestro albedrío no domina siempre nuestro destino. Es así que, estando por ejemplo en un transporte público, ante una vibración (provocada por un freno abrupto, o una curva tomada a gran velocidad) no nos quede opción que tomarnos de alguno de esos caños que la gente suele compartir, sin ningún cuidado, mano a mano, en los transportes públicos. Esto desesperaría a cualquiera, pero no hay que sucumbir al pánico. Gracias al alcohol en gel, luego de retirarnos los guantes de látex que ya no sirven después de este contacto, grandes raciones de este gel milagroso pueden desinfectarnos y conseguir que sigamos tranquilos por haber eliminado efectivamente cualquier germen que osaba causarnos disturbios. Ni que hablar cuando se dan casos de irresponsabilidad por parte de los padres y cualquier niño, propenso a haberse estado sacando los mocos o rascándose el trasero, toma contacto con nosotros. Mínimo, seis litros para salidas cortas. Diez u once para más de seis horas fuera de casa.
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| Hasta la vista, bacterias |
-Barbijos: Claro, el Lysoform elimina el 99,9% de virus y bacterias. Pero que pasa con ese 0,1% que queda vivo y amenazante? Nos puede afectar (y mucho). Por lo tanto, es preciso que el aire que inspiramos, pase por un filtro. Claro que más adelantes daremos una recomendación más eficaz, pero para los principiantes salir a la calle con una buena cantidad de barbijos puede ser un buen comienzo para empezar a respirar un poco mejor. Ni hablar con la coyuntura actual y todas esas cenizas (que vaya a saber uno cuantas suciedad arrastran luego de llegar hasta aquí desde Chile) que están flotando esperando ser aspiradas por ustedes, indefensos ignorantes que esperan nuestra palabra sabia para ponerse debidamente a salvo. La cantidad de barbijos a llevar es proporcional a las horas que vamos a estar fuera de nuestro búnker salubre. La ecuación es tres barbijos por cada hora, es decir, debemos reemplazarlo cada veinte minutos para asegurarnos su óptimo funcionamiento (estadística aportada por los Chicos Prevención de Trelew).
-Carilinas: no nos vamos a explayar mucho sobre este último componente pues solamente cumple la función (aunque no poco importante) de "trapo" para cuando deseemos desinfectar alguna superficie con grandes dósis de alcohol en gel.
Hasta aquí, los dejamos con lo básico, para que se vayan familiarizando esta semana con estas herramientas. Si siguen las instrucciones, podrán llevar a cabo una vida bastante protegida, pero aún vulnerable. Empiezen a praticar estas costumbres, pero vuelvan la semana que viene, vuelvan porque serán iluminados, ya que introduciremos la versión avanzada de este Kit de Calle, para vivir como Dios manda y hasta poder tomar un subte en hora pico totalmente prevenidos.
Escuchamos atentamente recomendaciones, historias de vida y nuevos usos que descubran acerca del kit a medida que lo vayan introduciendo en sus vidas. Escuchar sus voces luego de la inmaculación es grato para nosotros, las experiencias que nos envíen serán tenidas en cuenta para, en un futuro, ser subidas al blog como testimonio del mejoramiento de su calidad de vida.
Hasta la semana que viene, nos despedimos diciendo: Gracias Pasteur, tu obra no fue en vano.

